La relación con los valores

La idea de educar encierra en sí misma la de ayudar a la persona a sortear positivamente la riesgosa aventura de vivir al nivel de su humanidad.

Cada uno de nosotros debemos vivir resolviendo el problema de lograrnos a nosotros mismos como personas, afrontando los riesgos y la posibilidad de estar perdiendo a través de nuestro obrar y de nuestras acciones concretas, lo esencial de nuestra dignidad.

Ahora bien, ¿cuál es la dignidad del hombre? : es aquello que siente respecto de su valor, la conciencia de la estima como ser humano.

El sólo hecho de ser persona implica un valor, pero también una tarea, alcanzar un nivel de crecimiento y de madurez, que sea  propio del hombre.

La dignidad no se adquiere, se construye día a día a través del ejercicio de la libertad.

Ante este hecho podemos preguntarnos por ejemplo si nos resignamos pasivamente ante situaciones que podríamos intentar cambiar, si asumimos nuestro compromiso y responsabilidad ante nosotros mismos y los demás, o si lo eludimos.

Según  Leocata: “el hombre es este ser particular que tiene confiada a su cuidado la realización de su vida y la custodia del mundo en que vive, y al mismo tiempo que tiene conciencia y sentimiento inmediato del valor inherente a su vida, aún cuando la pueda desperdiciar por error o por maldad; porque es el ser que estando en camino, o estando “siempre navegando” por la vida, puede, o bien llegar a su destino y a su sentido, o bien ignorarse y naufragar”.

El conjunto de tendencias vitales y espirituales se encuentran en el hombre en un constante dinamismo, no necesariamente armónico, por esta causa el hombre para vivir de acuerdo a su valor,  a su dignidad de persona, necesita darle a su vida una formación, una orientación.

 

Los valores son un modo a través del cual la vida consciente sale de la indiferencia seleccionando elementos del exterior que se transformarán en vías de satisfacción de las exigencias más profundas de la persona.

Se pueden relacionar los valores con el amor, teniendo en cuenta al mismo tiempo las relaciones entre instinto y razón, conocimiento y amor, inteligencia y sentimiento.

En cuanto a la comprensión intelectiva, su importancia es tal, que no habría vida humana sin ella, como visión de la realidad, con discernimiento de sus aspectos y ordenamiento de sus relaciones.

Según Zubiri la inteligencia del hombre es una inteligencia sintiente, tanto en la unión de los sentidos en la percepción de la realidad, como, fundamentalmente, en el temple afectivo que se encuentra presente siempre, por más abstracta que sea la actividad de la misma.

El hombre, ser persona, es, en forma inseparable, inteligente y afectivo.

Es coherente, entonces, plantear que, la educación debe tender a lograr una armonía de estas dimensiones, procurando su crecimiento conjunto y a la vez proporcionado.

En esta concepción de educación, será fundamental la reflexión sobre los valores, como condición de perfeccionamiento, y además se tendrá muy en cuenta que, los valores se dicen ideales, no porque pertenezcan a un mundo distinto del nuestro, sino porque a través de la encarnación de los mismos es posible aspirar a una vida como persona humana.

Se pueden tener en cuenta algunos criterios para discernir cuándo un valor es más alto que otro.

Un valor es más alto cuando más plenitud trae a la persona, entendiendo por plenitud la mayor cercanía a la realización del ser persona humana.

Los valores que más se acercan a la realización de la persona humana tienen relación con la comunicación intersubjetiva.

Los valores más bajos son aquellos que permiten logros ulteriores, pero, no son causa suficiente de éstos.

Al plantear una determinada escala de valores, expresamos una manera sobre cómo debería ser la realización del hombre como persona.

Habiendo realizado estas aclaraciones, se mencionan a continuación una serie de valores jerarquizados.

Los valores económicos se encuentran más ligados a las necesidades corpóreas y presentan la característica de la utilidad, lo económico es un grado de valores donde prima el tener sobre el ser, tengamos en cuenta que, son utilizados en nuestra cultura como símbolos de otros valores y que esto es necesario analizarlo críticamente.

Los valores sensitivo-afectivos, también llamados valores de la vitalidad,  son aquellos que están relacionados de alguna manera con el placer sensible, incluyen a los valores referidos a la salud, y a los referidos al placer sensorial en toda la gama de variedades.

Sin estos valores la persona no podría desarrollar sus potencialidades y es evidente su repercusión en valores de grado superior.

Además estos valores no son absolutos, pero sí absolutizables, así como la absolutización de lo económico da lugar al vicio, o también a la avaricia, en el caso de lo afectivo-sensitivo  se da lugar al hedonismo, que inhabilita al hombre para la dimensión intersubjetiva y el compromiso social..

Los valores estéticos, se identifican con el pasaje de lo natural a lo cultural, una educación estética básica es necesaria e indispensable para ayudar a formar sentimientos, predisponerse a los valores más altos, y hacer la vida más propiamente humana.

La educación en lo estético no es un lujo, sino una base para el crecimiento humano.

Los valores intelectuales, tomados en el sentido de valores de conocimiento, referidos a la capacidad de recibir información,  analizarla, compararla, evaluarla, dan al hombre una situación más autónoma respecto del mundo, son un claro rasgo de crecimiento en el desarrollo de la persona.

En los valores morales se acentúa la intersubjetividad, si bien existen aquellos que vinculan a la persona consigo misma, como el cuidado de la vida, el dominio de sus impulsos, y otros. Estos valores se encuentran ligados a algo tan íntimo de la persona como es su conciencia y a su capacidad de ejercicio de la libertad, así como a la conducta que se manifiesta en forma externa.

De ningún modo deben ser encarados desde el punto de ser prohibiciones, sino perspectivas de crecimiento, de cuidado de la vida, de desarrollo lo más pleno posible de la persona.

Por último, los valores religiosos, tienen un aspecto trascendente, directamente relacionado con la fe, y un aspecto cultural manifestado en las influencias en las artes, la literatura, la vida social y familiar.

Si tomamos en cuenta que toda persona, vive, se apropia de valores y los proyecta, en actos valorativos, no podemos desmerecer la importancia de la reflexión crítica sobre esta situación en la educación de nuestros hijos y alumnos.

En cuanto a los actos valorativos podemos distinguir los más simples de los más complejos, a saber, la simple apreciación, implica salir de la indiferencia, sentirse tocado por algo que consideramos valioso.

La preferencia, es un acto por el cual nos sentimos más atraídos hacia un valor que hacia otro sin mediar la reflexión intelectual.

El juicio de valor, – bien formulado -,  tiene por el contrario la característica de que en él confluyen lo afectivo y tendencial , tanto como la reflexión crítica intelectual, se enuncia en base a la búsqueda de la verdad y de lo objetivo, y no se somete a estados anímicos o emocionales momentáneos. Por sus características está intrínsecamente ligado a la evaluación.

La actualización del valor, se halla relacionada, con la posibilidad y la realidad, mediando, entre ellas, la libertad, la voluntad, la capacidad de elegir adecuadamente.

La encarnación del valor, implica la incorporación de un valor a una personalidad, con fuerza tal, que esa existencia es sinónimo de la presencia del valor en cuestión.

Si pensamos en la importancia de educar para el encuentro del propio proyecto de vida, inmediatamente nos remitimos al conjunto de valores que la persona se siente llamada a realizar en su vocación.

Si tenemos en alta estima la dignidad de la persona humana, reforzaremos nuestro empeño en buscar y poner en práctica métodos educativos integrales, teniendo en cuenta que una educación en valores requiere métodos no tradicionales de enseñanza, de nuestra parte es necesario estar en disposición de estudiar  aprender y vivenciar los valores, ya que éstos no sólo se comprenden sino que se internalizan, se encarnan, se vuelven parte nuestra, y desde allí se irradian en nuestras relaciones con los demás, tanto a nivel profesional como personal.

Seamos parte nosotros mismos de este proceso de crecimiento, con su propia dinámica y tiempo, para poder de este modo colaborar en el crecimiento de quienes nos rodean.

 Esta es la propuesta, comenzar por nosotros, educarnos, enriquecernos, intentar crecer cada día, para así de este modo, poder dar un ejemplo que nacerá de nuestra propia esencia. Creo que, de este modo vamos a dejar de encontrar excusas para explicar porqué no logramos encontrar los caminos adecuados para darle a lo más propio del hombre la importancia que se merece, y por el contrario, se va a ver facilitado el encuentro de vías de acción para nuestro crecimiento y la colaboración en el crecimiento de nuestros hijos o de nuestros alumnos.

La responsabilidad comienza por nosotros mismos, y luego, nuestro ejemplo de vida se irradia hacia quienes nos rodean, seamos conscientes de ello, tratemos de crecer cada día, un poco más.

¿Tendremos acaso la posibilidad de cosechar algún fruto más valioso?.

 Bibliografía:..

  • Buscaglia,Leo; “ Amor”. Ed. Emecé. Barcelona. 1972
  • Barylko, Jaime. “En busca de los valores perdidos”. Ed. Santillana. Buenos Aires. 1996
  • García Hoz, Víctor. “Pedagogía visible y educación invisible”. Ed. Paidós. Madrid. 1996
  • Lostado,  Darío. “La alegría de ser tú mismo”. Ed. Kier. Buenos Aires. 1.998
  • Rojas, Enrique. “El hombre light”. Ed. El Ateneo. Buenos Aires. 1.995
  • Leocata, F. “Los valores: una propuesta en el marco de la Ley Federal de Educación”.  Ed. Cesarini .Buenos Aires. 1995.
  • Ruiz Sanchez, F.; “Fundamentos y fines de la educación”.  Ed. Arché. Buenos Aires 1981
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