Hacia una teoría de la organización escolar

Las Instituciones Educativas o centros escolares son organizaciones muy complejas, los procesos que se generan en ellos vienen condicionados por una multitud de factores y de variables, muchas de ellas de muy difícil análisis y clasificación, ya que están implícitas conductas y relaciones sociales, intereses personales y colectivos. Por ello es tan difícil elaborar una teoría desde esta perspectiva.

Pensar la práctica pedagógica, el trabajo de los docentes, como práctica que constituye e interpela a los sujetos, los integra a un orden simbólico, define cánones de lectura y posibilita la transmisión y recreación de la cultura, nos introduce en el concepto de dimensión política de la docencia. Siguiendo a Puiggrós, se puede añadir que toda pedagogía define su sujeto y determina los elementos y el orden que la constituyen como conjunto significante.
Las intervenciones de los sujetos, -en este caso tratamos a los docentes-, desde las fisuras, la irrupción de antagonismos que dislocan el cuerpo social, los intersticios discursivos, nos marcan  la posibilidad del hacer político, de la diferencia que siempre entraña nuevos mundos posibles. La apertura, los márgenes o bordes del imaginario pedagógico, son los espacios desde los cuales es posible superar las conceptualizaciones que tienden a suturar el sentido de lo real, proponer nuevas articulaciones entre lo dado y lo potencial, pensar contra los límites de lo instituído. Todos estos fenómenos suceden en la organización educativa y obviamente atraviesan al colectivo docente.

El modelo político en las instituciones educativas recibe cada día mayor reconocimiento por parte de teóricos y prácticos. Para reconocer y comprender la dimensión política de las instituciones escolares y del rol docente, es necesario relacionar dos enfoques que generalmente se presentan disociados. Por una parte, el enfoque interno, que persigue estudiar y analizar las escuelas como sistemas de actividad política-en cuyo caso estaríamos hablando de micropolítica educativa-, y, por otra, el enfoque estructural, que presenta a la escuela como un aparato del Estado, responsable sobre todo de la producción y reproducción ideológica. Esta visión macro política de la escuela es necesaria, a su vez, para comprender su relación con el sistema económico, la justificación del currículum oficial, el juego de intereses políticos e ideológicos que existen en la sociedad y en el sistema político en tomo a la educación y a sus instituciones. Es necesaria la superposición de ambos enfoques para lograr un conocimiento más aproximado de la realidad.

La imagen política de la escuela se centra en los intereses en conflicto entre los miembros de la organización, entre ellos los docentes. Estos, así como el resto de los miembros, para lograr sus intereses, emplean diferentes estrategias, como, por ejemplo, la creación de alianzas y coaliciones, el regateo y el compromiso para la acción.

Así pues, el análisis micropolítico pone el acento en la dimensión política de la escuela, en donde aspectos como el poder, la formación de coaliciones, la toma de decisiones, el conflicto y la negociación, serán los que determinen su análisis. Como nos dice Stephen Ball (1989) habrá que considerar a nuestras escuelas como “campos de lucha”, en los que los conflictos habrá que verlos como algo natural y no como una patología que haya que evitar o desechar.

Tanto los individuos como los grupos de intereses difieren en sus valoraciones, preferencias, creencias, informaciones y percepciones de la realidad.

Tomando como base los postulados de Stephen Ball, se debe concretar en cuatro los presupuestos que sirven para comprender, analizar y describir las organizaciones educativas:

  • El modo de control
  • La diversidad de intereses
  • La diversidad ideológica
  • Los conflictos y el poder

El dividir la realidad en cuatro ámbitos no quiere decir que funcionen de forma independiente, es más, es imposible señalar la frontera entre uno y otro, y la interrelación entre ellos es total. No es fácil comprender uno sin analizar los demás. A continuación, se presenta un análisis de cada uno de estos cuatro presupuestos.

  •  Modo de control:

También conocido como las reglas del juego, plantea que la estructura organizativa de una Institución educativa, no es la concreción de un modelo neutro y racional, sino el resultado de la lucha por el control y la influencia en esa organización.

En las Instituciones o centros educativos, los diferentes grupos van elaborando las distintas reglas del juego que van estructurando distintas formas de control en función de todo el entramado de intereses.

La estructura no surge de la racionalidad sino del intercambio, por lo que es dinámica y cambiante. En algunas ocasiones se llega a un pacto tácito y perverso de “no control”, que interesa en esos momentos, refugiándose los profesores en el aula y evitando los cargos directivos cualquier tipo de control. La micropolítica de cada organización elaborará su propio modo de control.

Utilizando la clasificación de Ball, ya sea por intereses creados, ideológicos o personales se van formando diferentes grupos de interés que pueden coincidir con las estructuras formales, pero que en muchas ocasiones trascienden los límites formales. Es más, muchas veces se forman grupos de padres, profesores y alumnos, aglutinados por intereses concretos en un momento determinado en función del grado de poder de cada uno de ellos, que constituyen grupos de poder muy importantes.

Por todo ello, para entender el funcionamiento de un centro educativo hay que intentar comprender estos procesos, tomar como unidad de análisis cada uno de estos grupos más que la organización formal en sí. Si logramos comprender estos procesos averiguaremos cuáles son las reglas del juego en un momento determinado y podremos actuar para transformar esa realidad.

  •  Diversidad de Intereses

En el marco de estas reglas del juego, las escuelas son organizaciones formadas por personas que, como tal, disponen de sus propios intereses, valores, ideologías, metas, que en muchas ocasiones no coinciden con las que oficialmente detenta la organización en la que están inmersas. En este juego de intereses hay que tener en cuenta no solamente a los profesores, sino también a los padres y a los alumnos y, en cierto modo los supervisores y los profesionales de apoyo externos al centro. Los intereses de cada uno de estos colectivos se interrelacionan y, aunque de forma estratégica pueden presentarse de forma diferenciada, para entenderlos y afrontarlos hay que considerarlos de forma global.

Así pues, los diversos intereses se concretan en aquellas estrategias que cada grupo utiliza en función de cada circunstancia. Siguiendo a Bacharach y Mundell (1993), podemos distinguir tres estrategias esenciales que pueden utilizar estos grupos. En primer lugar, formar coaliciones con otras personas o grupos que coincidan en los intereses, en cuyo proceso entrarán en juego el poder de cada grupo y la compatibilidad de las ideas de cada uno de ellos. Estos grupos cuando hacen coaliciones siempre hay que analizarlas desde su provisionalidad, ya que se van reformulando y reestructurando en relación a cómo se desarrollan los procesos micropolíticos. En segundo lugar, se puede entrar en negociaciones con otros grupos que tienen intereses diferentes, pero que podemos encontrar su apoyo o colaboración. Finalmente, el enfrentamiento, ya sea público o soterrado, encubierto en procesos rutinarios o patente en grandes conflictos, constituye la tercera estrategia.

  •  Diversidad Ideológica

Este componente, no se puede entender sin los restantes presupuestos y se podría decir que es la concreción de todos ellos. Lo podemos entender partiendo de los dos enfoques que el propio Ball maneja. En primer lugar, se refiere a “las perspectivas y los compromisos educativos de los profesores. Son las ideas sobre la práctica en el aula, las relaciones entre el profesor y los alumnos y la enseñanza brindada a éstos, que a menudo reposan en creencias más fundamentales sobre la justicia social y los derechos humanos, y sobre los fines de la educación en la sociedad”

Sobre este particular Ball, (1989) habla de la ideología de la enseñanza que el profesorado posee y pone en juego en su quehacer educativo, planteada por el autor siguiendo la clásica delimitación conceptual ofrecida por Sharp y Green (1975). Con relación a los intereses del profesorado, individuales y colectivos, Ball soporta una humilde pero interesante tipología cuando nos habla de intereses creados, ideológicos y personales.

Otro significado que este concepto recibe en los estudios de Ball se concreta en la ideología de la Administración: “Usamos ideología para referirnos a ideas de las que es posible demostrar que ocultan o resuelven aspectos problemáticos de la vida social de un modo idealista o imaginario. En este sentido, las explicaciones ideológicas sirven para asegurar la posición de los grupos dominantes. Es, por lo tanto, la ideología de la administración”. Como se logra entender, esta presión ideológica que pesa sobre las escuelas, ejercida por las administraciones educativas y por otros grupos de poder no se plantea por separado de la mencionada ideología de la enseñanza según la primera acepción del concepto. Pero añade el ámbito micropolítico que cada vez más se va viendo como necesario para entender la teoría micropolítica.

  •  Poder y Conflicto

Se referencia uno de los puntos clave para entender esta perspectiva, como es su percepción del poder y del conflicto. “La micropolítica trata del poder, quién lo tiene, quién lo quiere y para qué propósitos y cómo se usa para lograr las metas individuales y grupales” (Anderson, G.; Blase, J., 1984: 109).

Ha habido múltiples formas de entender el concepto de poder o de autoridad en los estudios sobre organización. Ball, relacionando el concepto poder con el de autoridad, entiende que el concepto “poder” es más activo, penetrante y flexible que el de autoridad. Interesa en este caso el poder no como posición sino como resultado de un proceso. Su distribución en la escuela no es algo predeterminado y estático según posiciones ocupadas en el escalafón jerárquico u otras condiciones personales y/o profesionales sino que, por el contrario, es algo que se logra en y mediante una ejecución, en y mediante la acción conjunta.

La distinción entre autoridad e influencia, como dos tipos de poder, es tomada por Ball presentando la influencia, junto con la oposición, como dos de los más importantes tipos y bases de actividad política fuera de, o junto a, la estructura formal de la escuela. Esta interacción entre poder e influencia es muy interesante y clave para entender las organizaciones educativas. Hay que resaltar que en nuestras escuelas personas con poco poder pueden disponer de inmensa influencia, por su acceso a la información, recursos u otras características, lo que los convierte en detentadores de un poder real en el proceso. La distribución de autoridad en una escuela no tiene que coincidir necesariamente con la distribución del poder en ese lugar.

Unido a este concepto de poder surge la consideración del conflicto como algo connatural a las organizaciones. El conflicto habría que verlo como un síntoma de buena salud de las organizaciones educativas, como aquello que sirve para que estas mejoren y crezcan a lo largo del tiempo. Se debería entender, pues, como revitalizador de cualquier organización, como un instrumento esencial para la transformación de las organizaciones educativas.

La vida de una escuela está llena de procesos rutinarios, pero no por ello exentos de conflictos, en muchos casos implícitos u ocultos, pero siempre formando parte de la vida organizativa. Las alianzas, presiones, compromisos, amenazas, resistencias,… formarán parte de estos procesos conformando la micropolítica de esa organización, lo que Ball denominaba “campos de lucha” Así pues, el conflicto está en el centro de la concepción de la micropolítica y define los dos ámbitos esenciales en la lucha organizativa, o sea el acceso a los recursos y el dominio ideológico.

Esta visión creativa y positiva del conflicto no hay que identificarla con el caos o con la idea de buscar en todo momento el conflicto como el estado natural de cualquier relación. El conflicto surge porque es connatural a las relaciones de los individuos y de los grupos, y debe servir para mejorar y avanzar en los diferentes procesos.

 

Bibliografía

BALL, S. (1989): La micropolítica de la escuela. Hacia una teoría de la organización escolar. Madrid: Ed. Paidós

BALL, S.J (1993): Foucault y la educación, disciplinas y saber. Madrid: Ed.Morata.

BARDISA, T. (1997): “Teoría y práctica de la micropolítica en las organizaciones escolares”, Revista Iberoamericana de Educación: 15. http://www.rieoei.org/oeivirt/rie15.htm

http://www.monografias.com/cgi-bin/search.cgi?query=micropolitica%20escolar

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